Haití, Trump y Bukele

Por: Wilder Páez

Por Wilder Páez

Definitivamente, la crisis haitiana ha dejado de ser un problema exclusivo de Haití para convertirse en una preocupación internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y otros actores de la comunidad internacional parecen tener en esta coyuntura una oportunidad para impulsar una salida al drama que vive el pueblo haitiano, sometido durante años al terror de las bandas armadas, la inseguridad y el colapso institucional. La posibilidad de aprovechar la experiencia de El Salvador en el combate contra las estructuras criminales, bajo el liderazgo de Nayib Bukele, abre un nuevo capítulo en la búsqueda de soluciones para restablecer el orden en la vecina nación.

Aunque las realidades de El Salvador y Haití son muy diferentes, el modelo de seguridad impulsado por Bukele ha despertado el interés de quienes consideran que se necesita una respuesta contundente frente al crimen organizado. Naturalmente, esta eventual participación también pone en juego la dignidad, el prestigio y la reputación internacional del mandatario salvadoreño. Una experiencia exitosa en territorio haitiano podría proyectarlo más allá de las fronteras de su país, pero un fracaso también podría convertirse en un duro golpe para su imagen y su proyecto de liderazgo regional.

No sería descabellado pensar que detrás de este escenario existan intereses y respaldos internacionales que van más allá de lo que conoce la opinión pública. El apoyo político, diplomático y estratégico de países poderosos podría representar un incentivo para que Bukele asuma un papel protagónico en una eventual solución a la crisis haitiana. Para un presidente que ha construido buena parte de su liderazgo sobre su política de seguridad, la posibilidad de contribuir a recuperar un país sumido en la violencia también podría convertirse en una oportunidad de trascendencia histórica.

Sin embargo, Haití no necesita simplemente un hombre fuerte ni una demostración de poder; necesita recuperar su soberanía, reconstruir sus instituciones, desmantelar las organizaciones criminales y devolverles la esperanza a millones de ciudadanos. Si Donald Trump, Nayib Bukele y la comunidad internacional logran articular una estrategia que permita alcanzar esos objetivos, estaríamos ante un acontecimiento de enorme importancia para el Caribe. Al final, la verdadera gloria no estará en el protagonismo de ningún mandatario, sino en conseguir que los haitianos puedan vivir en paz y recuperar el control de su propio destino.

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