Reflexión necesaria ante una tragedia evitable

Por: Wilder Páez

Por Hatuey Alcántara

La trágica y lamentable muerte de Pablo Wellington Alcántara Castillo, ocurrida a causa de un accidente de tránsito, enluta nuevamente al Distrito Municipal de Don Juan y obliga a detenernos, como comunidad, a reflexionar con responsabilidad y humanidad sobre una realidad que se repite desde hace décadas.

Desde el año 1980 hasta la fecha, en Don Juan han perdido la vida más de 30 personas en accidentes de tránsito relacionados con la conducción de motocicletas. Un dato doloroso y alarmante une a la gran mayoría de estos fallecimientos: ninguna de las víctimas llevaba casco protector, a pesar de que su uso ha sido obligatorio por ley, primero bajo la Ley No. 241 sobre Tránsito de Vehículos y, desde 2017, bajo la Ley No. 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana.

Estudios y reportes coinciden en que más del 80 % de las muertes en accidentes de motocicletas están directamente relacionadas con golpes, traumas y contusiones severas en la cabeza. Esto nos lleva a una conclusión tan dura como necesaria: muchas de estas vidas quizá se habrían salvado si se hubiese utilizado el casco protector.

El casco no es un accesorio ni una imposición arbitraria. Es un elemento de protección vital, diseñado para reducir el impacto en la cabeza y aumentar significativamente las probabilidades de supervivencia ante un accidente. Los accidentes de tránsito no avisan, no distinguen edades, experiencias ni buenas intenciones; ocurren en segundos y cambian vidas para siempre.

Es oportuno hacer un llamado firme pero respetuoso a:

Los conductores de motocicletas, para que asuman el uso del casco como un acto de amor propio y de responsabilidad con sus familias.

Los pasajeros, para que exijan su derecho a viajar protegidos.

Las autoridades competentes, para que hagan cumplir la ley de manera constante, sin excepciones ni tolerancias que luego se traduzcan en luto y dolor.

Prevenir no devuelve a quienes ya se han ido, pero sí puede salvar a quienes aún están con nosotros. Como comunidad, debemos comprometernos a cambiar una cultura de riesgo por una cultura de prevención, conciencia y respeto a la vida.

Que la partida de Pablo Wellington Alcántara Castillo no sea una cifra más, sino un punto de inflexión que nos lleve a actuar. Usar casco es elegir vivir.

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